La historia del cruel y malvado príncipe que inspiró al personaje de Joffrey Baratheon

El villano más malvado de la televisión tiene una contraparte muy real en Eduardo de Lancaster, uno de los príncipes de la Guerra de las Rosas.

Puede que hayan pasado casi 10 años desde el estreno de Game of Thrones, pero aún no superamos el odio cataclísmico que albergamos en nuestro pecho contra Joffrey Baratheon, el villano más atroz que alguna vez vio la pantalla.

El (supuesto) hijo de Robert Baratheon y Cersei Lannister, heredero del Trono de Hierro de Westeros es, hasta el día de hoy, una foto que pegamos en el blanco de nuestra práctica de dardos. Pero lo que quizá no esperabas es que tanta crueldad inolvidable estuviera inspirado en un personaje real.

Vamos por partes. Todos sabemos que, para construir a su Poniente, George R.R. Martin hizo un fenomenal trabajo de arqueología, desenterrando múltiples fuentes de la historia medieval para que dieran un contexto coherente a A Song of Ice and Fire. El texto fue adaptado por HBO y, como dicen, el resto es historia. Y, en este caso, historia real: es que Joffrey está inspirado en el Príncipe Eduardo de Lancaster, que vivió durante las Guerras de las Rosas de Gran Bretaña.

Primero, recapitulemos. El hijo de Cersei y su hermano gemelo, Ser Jamie Lannister, asciende al Trono gracias a las maquinaciones de su familia, especialmente su abuelo Lord Tywin Lannister. Sansa Stark es sumariamente dejada de lado y Joffrey finalmente se casa con Lady Margaery Tyrell… O casi se casa: Joffrey fue envenenado por la abuela de Margaery , Lady Olenna Tyrell, en el día de su boda. Pese a su brevísimo reinado, su gobierno estuvo marcado por su crueldad abyecta y locura desenfrenada del niño.

 El príncipe histórico que inspiró al personaje de Joffrey Baratheon

¿Y en qué se parece eso a Eduardo de Lancaster? Pues, ya desde su origen. Es que el hijo del Rey Loco Enrique VI y Margarita de Anjou también podría haber sido un hijo bastardo, no de su gemelo, pero sí de su colaborador Eduardo Beauford, Duque de Somerset, o de James Butler. Como Robert Baratheon, Enrique jamás dudó de la paternidad de Eduardo.

Como su padre, Eduardo también estaba algo tocado de la cabeza, y destacó por su actitud beligerante y cierta tendencia a decapitar a sus enemigos. “El niño, aunque sólo tiene 13 años, ya no habla de otra cosa que cortar cabezas o hacer la guerra, como si tuviera todo en sus manos, ,o si fuera el Dios de la batalla, o el ocupante de ese trono”; señaló su contemporáneo, el embajador de Milán. O sea, algo así como Joffrey.

“El príncipe, tan pronto como creció, se entregó por completo a los ejercicios marciales; y, sentado en corceles feroces y medio domesticados impulsados ​​por sus espuelas, a menudo se deleitaba en gobernar y atacar a los jóvenes aliados que lo atendían, a veces con una lanza, a veces con una espada, a veces con otras armas”, señaló el Canciller John Fortescue.

Como con Joffrey, Eduardo también tuvo un matrimonio para forjar alianzas.

A los 17 años, Eduardo de Lancaster se casó con Anne Neville, hija menor de “el hacedor de reyes” Richard conde de Warwick para afianzar su apoyo a la familia que se disputaba el trono. Las fuentes guardan silencio sobre cómo fue el matrimonio de Edward y Anne, pero en cualquier caso fue breve y terminó con la muerte de Edward al año siguiente.

Eso sí: a diferencia de su contraparte ficticia, Eduardo no era un cobarde.Lancaster falleció en el campo de guerra, en la Batalla de Tewkesbury de 1471, a la joven edad de 17 años, sin jamás haberse sentado en el Trono de Inglaterra.

Este detalle de la Guerra de las Rosas inglesa es sólo uno más de los que agregó George R.R. Martin a Juego de Tronos, que espeja mucho la contienda de los Lancaster y los Yorks sobre el trono de Inglaterra (o sea, ¿de dónde creyeron que salieron lo snombres Lannister y Stark?) entre 1455 y 1485. Los Reyes Locos, las guerras brutales, los asesinatos, los herederos robados de sus tumbas, y la sangre derramada entre dos familias se parece muchísimo a la vida real, de donde emergió la dinastía Tudor… Excepto que ahí no había dragones.

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